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Acerca de Gerardo Schmedling, creador de Escuela de Magia del Amor

Gerardo Schmedling

DESDE EL AMOR, UN EJEMPLO VIVO

por Maria Mercedes Olivares Schmedling

Gerardo Schmedling T., nace en Chía, población del departamento de Cundinamarca en Colombia, un cinco de mayo del año 1946, en el hogar de Emmanuel Schmedling Solano y Sofía Torres Barreto, de cuyo matrimonio nacen cuatro hijos, Fernando, Ricardo, Enrique y Gerardo. Su infancia se desarrolla en familia, compartiendo con sus hermanos juegos y travesuras, alegrías y tristezas, ilusiones y fantasías. Ya siendo muy joven diserta filosóficamente, llegando a desconcertar a sus mayores con su visión de la vida. Se cuestiona sobre el sufrimiento humano, sobre las dificultades relacionales entre las personas y la razón de la existencia.

A los 22 años, sufre una parálisis que casi le cuesta la vida y experimenta la muerte clínica, traspasando el túnel en dónde se encuentra con seres de las dimensiones no físicas y recibe la propuesta de desarrollar una misión de enseñanza, la cual él acepta voluntariamente. Regresa a un cuerpo estructuralmente dañado, -vehículo físico- que le permite desarrollar capacidades perceptuales insospechadas. Nota que después de esta experiencia, fluye en su interior el aprendizaje con gran facilidad, los temas que lee se instalan en sus bancos de memoria sin ningún problema y comprende magistralmente lo que estudia. Se dedica a leer diversas biografías, a través de las cuales se cuestiona con mayor fuerza el porqué de estas historias. Es aquí cuando se despierta su curiosidad, la cual le llevará a descubrir las leyes que rigen los destinos humanos.

Durante muchos años sufre una pesadilla que le produce mucha angustia. Trabaja concientemente su sueño recurrente y una noche logra vencer su miedo. En el sueño aparece un ser de luz que lo felicita por su proceso y le dice que ya es hora de que comience su entrenamiento directo. Es así como, durante 18 años, su Maestro lo conduce personalmente entregándole un paquete de información, la cual Gerardo desglosa de manera tal que sea comprensible para cualquier ser humano. Diseña así una línea pedagógica elementalmente simple, pero siendo a la vez magistralmente didáctica.

Comienza a impartir sus enseñanzas, inicialmente a pequeños grupos que luego se van ampliando hasta llegar a todas aquellas personas que se hicieron correspondientes con tan maravillosa oportunidad. Se dedicó a la enseñanza y difusión de la Ciencia del Amor, la cual puede liberar definitivamente al ser humano del sufrimiento y de la dependencia de lo externo para poder alcanzar la felicidad y vivir en paz.

Escuela de Magia del Amor, su legado, es una enseñanza -viva-, porque resuena en la mente y el corazón de muchas personas que aceptan la invitación a verificar esta información en sus propias vidas, como lo decía Gerardo en vida:

¡ESTA NO ES UNA INFORMACION PARA CREER; ES UNA INFORMACIÓN PARA VERIFICAR!

“No me crean nada de lo que les digo, no conviertan estas enseñanzas en una creencia más, no sumen más suposiciones a su sistema, comprueben que les es útil para su vida, que sí sirve y que deja paz, armonía, felicidad y resultados de alta satisfacción, tanto internos como externos“.

 

Gerardo sabía que Dios se manifestaba ante nosotros a través de la creación y se hizo consciente de su presencia, sintió que el mensaje de sabiduría estaba disponible para él y, preparó así su mente y su espíritu para recibir la información que provenía directamente de las fuentes de Sabiduría.

Solicitó a sus guias que le permitieran abrir sus centros internos, recibiendo directamente el don de la sabiduría con la que supo siempre hacer lo mejor, decir lo adecuado y hacer lo necesario. Despertó en él la facultad de expresar la vivencia de amor a través de todos sus actos y, así se convirtió en un instrumento más del gran concierto universal.

Comprendió que detrás de cada suceso había un profundo propósito de amor,   el cual estaba siempre asociado a su propia necesidad de aprender a amar, de ser feliz y de tener en su interior una paz invulnerable. Su mente se mantuvo permanentemente serena y tranquila y, su espíritu permaneció en constante armonía. Fue así cómo se hizo presente en su vida el principio que rige el orden perfecto del universo, cumpliendo con el propósito de enseñanza que le había sido encomendada.

Renunció en su interior a los conflictos y a participar en cualquier situación que no fuera de paz y de armonía. Comprendió entonces que su trabajo, su función y su misión eran unos maravillosos principios para la asesoría, la enseñanza y el servicio.

Supo que en la medida en que fluyera con su compromiso, los resultados que obtendría serían grandes experiencias de amor que le darían la oportunidad de enseñar y de servir a todo aquel que lo solicitará, siendo el ejemplo su mejor herramienta pedagógica.

Todo su potencial se amplió volviéndose cada día más eficiente, servicial y amoroso con todos los seres que se encontraba y que aún vivían experiencias asociadas al sufrimiento y al conflicto.

Siempre agradeció el haber alcanzado el punto que le brindó una extraordinaria comprensión, disfrutó de cada instante de su vida y de todo que le fue dado. Sirvió con todo el amor, reconociendo en cada momento la ley universal, la obedeció siempre y observó que, sin excepción, todos los seres con los que se contactó estaban transitando el camino humano, independientemente del punto de evolución en que se encontraran y, supo que todo lo que sucedía era parte de un proceso necesario y perfecto. 

Comprendió que el proceso de amor consistía precisamente, en llevar luz allí donde no la hubiera, en dar información en donde no se tuviera y, así se convirtió en un hombre invulnerable e imperturbable que entró a formar parte de esos maravillosos seres que permitían la expresión de amor y el contacto con Dios en el mundo de la tercera dimensión.

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